Ancona, calladita pero intensa

Es sin duda una gran desconocida, pero Ancona, la apacible capital de la región de “Las Marcas”, esconde dos mil cuatrocientos años de historia.

Cualquier día de la semana después de las 20hs en Ancona irrumpe el silencio que se abre paso a jornadas donde en el centro no se oye otra cosa más que el ir y venir de los autos y las voces de la gente por la calle.

Los fines de semana, con suerte la vida se extiende hasta pasada la media noche, sobre todo en verano. Aún así, el denominador común a través del tiempo es la tranquilidad casi dolorosa de esta ciudad. Más allá de ser la ciudad donde me convertí en ciudadana italiana, Ancona es un tesoro histórico.

¡Quién diría que detrás de este pueblo de serenidad y quietud se esconde un pasado de rebelión y sangre!

“Eia e caiaditaaaah!”

El identikit.

Ancona se ubica al centro este de Italia, a unas 3 horas de Roma y directamente en frente de Croacia. Es la capital de la provincia homónima y de la región de “Las marcas” (Le Marche).

Poco mas de 100 mil habitantes viven en este lugar, caracterizado por un clima envidiable, caluroso y húmedo en verano y frío y seco durante el invierno, que reposa sobre el escarpado Monte Cónero y descansa directamente sobre el mar Adriático.

Usted está aquí.

Esta ciudad tiene una marcada identidad universitaria, sobre todo en el centro, mientras que en las afueras son numerosas las granjas y parques industriales. Por supuesto, el turismo es una de las actividades principales ya que en Ancona, se encuentran algunas de las playas más lindas de Italia, pero aun así es una gran desconocida o al menos subestimada, ya que claramente no es de los lugares más populares en la lista del viajero/turista promedio.

Una ciudad de bronce.

Según cuenta la historia oficial, Ancona como tal tiene unos 2406 años de antigüedad, sin embargo los primeros asentamientos en este rincón de Italia datan del siglo III antes de Cristo.

Posteriormente, y gracias a descubrimientos arqueológicos, se sabe que el territorio que hoy comprende Le Marche y la región de Abruzzo, fue parte de la civilización Picena, presente en Ancona desde la Edad de Hierro en el siglo X a.C.

Los que saben dicen que los guerreros Picenos se veían así, toda la onda.

Recién en el año 387, antes de Cristo, los griegos fundan Ancona sobre el monte Guasco e inspirados por la particular forma de su costa, la bautizan “ankón”, es decir, codo. De allí que a esta se la conozca como la ciudad dórica. Es decir, más griega que italiana.

La huella del Imperio Romano.

Los rasgos helénicos de Ancona no terminan solamente en el significado de su nombre, sino que de hecho esta región se caracterizó por su fuerte impronta cultural griega que definió que se resistieran durante siglos al proceso de romanización (y a básicamente todo).

A pesar de esto, y por su importancia para el comercio y la guerra por su ubicación estratégica, los anconetanos sucumbieron a la impresionante expansión romana que culminó en el año 90 antes de Cristo, guerra mediante. A pesar de esto, “Ankón” permaneció como una suerte de “refugio cultural griego”, manteniendo incluso esa lengua.

Ancona existe hace mucho antes del nacimiento de Cristo.

Esta ciudad fue clave para el expansionismo y control del Oeste del Imperio y sus rutas comerciales a Oriente Medio, hicieron que el entonces emperador Traiano ordenara la ampliación del puerto anconetano y por supuesto, la posterior construcción de un Arco del Triunfo.

El Medioevo.

Luego de la caída del Imperio Romano de Occidente, Ancona pasa a control de los Ostrogodos, luego de los Bizantinos e incluso más tarde de los Lombardos, para convertirse en cabeza de la región de Las Marcas en el 744 bajo el control del ahora Sacro Imperio Romano.

Fiel a su estilo independiente, Ancona se resiste al control del Imperio y, guerra mediante, logra torcer el brazo romano y establecerse como la entonces República de Ancona.

Bandera de la República de Ancona (cualquier parecido con Suiza es pura coincidencia, posta).

Luego de cuatro meses de asedio por ordenes del emperador Federico Barbarossa (o Barba Roja), cuenta la historia que Ancona se encontraba totalmente sitiada, sin embargo los habitantes habían logrado arrojar barriles con brea y resina sobre la linea de ataque de los invasores, pero encenderla era demasiado peligroso.

Fue en ese entonces cuando Stamira, una viuda del pueblo salió de su casa con el coraje que nadie más tenía, y logró encender el fuego que hizo replegar a las tropas del enemigo. En este acto heroico perdió su vida, pero se convirtió en una leyenda local y sin ella, hoy Ancona quizás no existiría como tal.

Stamira, valiente y sacada, la bancamos.

Durante lo que queda de esta era y recién en el siglo XVI Ancona sería anexada a los Estados Pontificios, siempre gozando de una independencia bastante amplia en comparación a otras regiones. Tras la conquista/invasión de América y al trasladarse el comercio mundial al Atlántico, la ciudad atraviesa un siglo de crisis.

Descontrol renacentista.

El delirio expansionista de Napoleón Bonaparte (de público conocimiento e inversamente proporcional a su estatura), no tenía límites, y por supuesto Italia no podía quedar afuera de la ambición del emperador francés. Es por eso que durante esta época y por unos breves pero intensos años, Ancona y gran parte de los Estados Pontificios, pasarían a manos galas.

Bueno, es el mejor gif del mundo.

Pero esta jugarreta histórica no fue gratuita, por el contrario, inyectó a los ya de por sí rebeldes anconetanos, los ideales de la revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Esto propició el crecimiento de “la carbonería”, una sociedad secreta de origen en el entonces Reino de Napoli, nacionalista y de corte liberal democrático, absolutamente en contra de Francia.

Es justamente durante esta era en la cual nace el Resurgimiento Italiano, una corriente de pensamiento y una serie de movimientos políticos/sociales/bélicos que dieron orígen a la unificación de Italia, que hasta entonces se dividía en algunos reinos, ducados y los ya mencionados Estados Pontificios.

Un patchwork de reinos y ducados, previo resurgimiento.

El primer reino en independizarse del control austríaco y contituirse como italiano fue el Piamonte, para luego ser imitado por el ducado de Módena y Parma, mientras que en el sur Giuseppe Garibaldi logró liberal a la península del control de los borbones españoles. Los últimos es unirse a la fiesta fueron, Venecia, Ancona y Roma, una vez más, guerra mediante.

Siglo XX cambalache.

Como era de esperarse, Ancona sufrió los daños propios de ser una ciudad costera y portuaria dentro de un país involucrado en no una sino, dos guerras mundiales.

Durante la primera, en la cual Italia se une recién en 1915 (integrando la Triple Alianza), el puerto de Ancona y los edificios que hoy integran el centro histórico fueron dañados severamente por los ataques del Imperio Austro Húngaro, así como se registraron muertos y heridos.

Postal (muy poco feliz) que muestra las ruinas de una iglesia en Mesina.

Pero lo más interesante de este inicio de siglo, es que la ciudad es protagonista de un episodio que cambiaría el curso de la historia de Italia para siempre. Durante 1914 y en el marco de una serie de protestas laborales y antibelicistas, la “semana roja” (settimana rossa) inició en Ancona con un paro general que se extendió hasta las regiones de la Emilia Romagna y la Toscana, con enfrentamientos y disturbios, teniendo como principal protagonista al, en ese momento líder socialista, Benito Mussolini.

Los protagonistas de la semana roja.

Luego de la Gran Guerra, en tierras anconetanas sucedería la famosa Revuelta de los Bersaglieri, un cuerpo del ejército de infantería italiano que, con el apoyo popular anarquista y socialista de la región, se negó a embarcarse para ocupar militarmente Albania. A pesar de la furiosa represión del gobierno, la operación se canceló.

Durante los años del fascismo, se benfició de un gran desarrollo urbano, el cual duró hasta 1943, año en el que el ejército alemán ocupó la ciudad sin resistencia local, la cual sufrió bombardeos aliados hasta 1944 que deterioraron el 65% del patrimonio. La magnitud de los ataques fue tal, que para 1945 solamente 4000 personas habitaban Ancona.

Lo que quedó de la Iglesia de San Pedro.

Desde esta época hasta la actualidad y al gracias plan Marshall, Ancona fue reconstruida en su totalidad siendo el Teatro delle Muse el último gran edificio en volver a la vida en 2002, después de 50 años cerrado por los daños sufridos.

Hoy en día, las calles de Ancona, sus paisajes cercanos al Adriático y sus campos de girasoles que crecen bajo el implacable sol de julio, nos hablan de una de las regiones más tranquilas (quizás demasiado) dentro de Italia.

Viviendo acá, donde si hablás fuerte en la vereda los vecinos se dan vuelta a ver quién hace tanto ruido, es casi inimaginable pensar que por las calles que atravieso a diario hubo tanta historia y tanta sangre.

Si te gustó lo que leiste, querés comentarme algún dato que haya faltado, dejame tu comentario abajo 😀

Comentarios